El día 17 de enero, con motivo de la clausura de la exposición, nos reunimos en la Sala de exposiciones para convocar un ritual, para generar una huella que permanezca en los espíritus y en los cuerpos que luego caminarán por la ciudad llevando algo de la agitación de estar juntas dentro.
La exposición ha recibido a muchas personas amigas, seguidoras de La Liminal, acostumbradas a caminar, curiosas en indagar cómo la ciudad es un lugar de objeto, deseo, exploración o cuestionamiento. A lo largo de 5 meses la sala de exposiciones se ha convertido en un espacio de encuentro a través del teatro, la poesía, el cine, la narrativa, el ensayo, y por supuesto, la mediación cultural. Ha sido aula de Máster o sala de trabajo para colectivos. Es el momento de despedirnos de este formato expositivo y seguir los pasos de La liminal, de vuelta en las calles.